miércoles, 6 de febrero de 2008

"DEBRIEFING”: EL PSIQUISMO FRENTE AL TRAUMA POR CATÁSTROFE

Por Patricia Martínez Llenas.

El traumatismo psíquico por stress mayor ocasionado en circunstancias de catástrofe, conocido como “TRASTORNO POR STRESS POSTRAUMATICO”, tiene y debe ser tratado rápidamente a través de una técnica de contención psicológica denominada “DEBRIEFING”

Tras todo evento de tipo catastrófico, como por ejemplo ha sido el doloroso evento en República Cromagnon, o el maremoto último de los países de Asia, o una toma masiva de rehenes por parte de terroristas chechenos como pasó en Rusia hace un tiempo, o algún accidente de características masivas y sangrientas, como así también los efectos de pos-guerra, vemos frecuentemente el accionar de equipos especializados haciéndose cargo del sufrimiento psicológico de las víctimas y de sus allegados.
Estos especialistas intervinientes, practican frecuentemente lo que se ha dado a conocer como el “debriefing”; que es una técnica de psicoterapia breve que orienta a prevenir y a superar las diferentes formas de stress que surgen luego de un evento grave, inesperado, violento o brutal, durante el cual la vida de las víctimas han estado en peligro.
Originalmente esta técnica fue utilizada por médicos militares, para luego ser perfeccionada y modificada para hacerla extensible a otras instancias a ser empleada por policías, bomberos, especialistas en salvatajes, y equipos médico-psicológicos especializados para actuar en estos casos.
Reaccionar ante un incidente traumático es un hecho normal, no se trata de una debilidad del carácter; aunque las víctimas puedan tener reacciones emocionales fuertes; no se consideran a éstos como casos psiquiátricos, pero es absolutamente necesario intervenir rápidamente para evitar que un acontecimiento terrible del cual no somos en nada responsables conduzca a las víctimas a un verdadero estado de stress permanente, que invada sus vidas durante años, y tal vez a lo largo de toda sus vidas.
Ante un evento catastrófico, la persona que haya sido testigo o víctima, es totalmente normal, que se sienta invadida por tensión emocional, crisis de lágrimas, angustia, agitación o sideración psicológica.
En dichos momentos hay una tendencia espontánea por tentar “hacer olvidar” al afectado ese acontecimiento que acaba de vivenciar; sin embargo, las personas que han sido alcanzadas por el traumatismo experimentan otra necesidad: la de contar incansablemente -segundo por segundo- las experiencias que han atravesado, de volver lo más precisamente sobre los hechos –lo visto, oído y sentido-; sobre las emociones experimentadas –miedo, desesperación, cólera, abandono- y, sobre los pensamientos que atravesaron su psiquismo. Vuelven a ver las escenas como si estuvieran ahí, y el recuerdo de los gritos, de los olores, de las imágenes parecen renacer o repetirse más verdaderos que en la memoria ordinaria.
Frente a esto, el debrienfing debe ser propuesto en las primeras 72 horas siguientes al evento traumatisante; en efecto, cuanto más precoz sea la intervención, mejores son las oportunidades y posibilidades de prevenir la aparición de un Stress Post-traumático, o de atenuarlo. La toma a cargo se hace frecuentemente en el lugar mismo de la catástrofe, en las escuelas o en los centros administrativos donde puedan acomodarse confortablemente. Si las víctimas se sumergen muy rápido en su medio familiar o amistoso, corren el riesgo de disimular su desarraigo y su desborde emocional para conformar a su medio, lo cual aumenta el riesgo de la parición de trastornos ulteriores.

EL PRINCIPIO DEL MÉTODO

El debriefing se practica individualmente o en grupo con las personas que han sido afectadas por la catástrofe, siendo excluidos todos aquéllos que son ajenos al hecho. Lo primero que debe hacerse, es permitir a cada uno rememorar lo más preciso posible, el traumatismo penoso que acaba de atravesar. O sea, el evento mismo que está en el centro de la entrevista; el cual será nuevamente recorrido a nivel de los hechos, de las emociones y de los pensamientos.
Las preocupaciones del sujeto, en el momento donde el traumatismo lo sorprendió, debe ser re-encontrado. Las horas que le han seguido serán objeto de una investigación precisa, tanto de los hechos como de los pensamientos que los acompañaron.
El trabajo terapéutico permite eso que se llama “abreacción”; es decir, una descarga de las emociones, luego es la verbalización de esas emociones, lo que permite liberarse del evento responsable.
La técnica del debriefing se apoya sobre el conocimiento de los mecanismos del traumatismo psíquico, el cual es una efracción (o fractura), una penetración en el interior del aparato psíquico de una imagen que no debiera encontrarse ahí: la imagen del Sí mismo como muerto.
Esta efracción provoca un estado de embrutecimiento o sideración (atontamiento) y, sobretodo, una disociación del pensamiento: una parte de los pensamientos continúa circulando libremente, permitiendo en apariencia adaptarse a la realidad presente; se produce entonces una hipervigilancia que permite estar en estado de alerta, un embotamiento de las emociones y una amnesia parcial que permite manejar el stress. Pero otra parte queda adherida alrededor de la imagen traumática, originando perturbaciones conocidas bajo la denominación de síndrome de repetición traumática: donde el sujeto revive las escenas indefinidamente como un filme que se reitera de manera circular. La angustia no aparece sino posteriormente, a posteriori, acompañando el síndrome de repetición o la amenaza de la aparición de esas imágenes traumáticas. Es esta angustia la responsable del estado de stress agudo que puede instalarse siguiendo al trauma, y puede acompañarse del sentimiento de culpabilidad por haber sobrevivido, o por no haber ayudado a los otros; de un sentimiento de rebelión o de venganza, de un sentimiento de incomunicabilidad con aquéllos que no han experimentado la misma experiencia que uno.
Pero el mecanismo de disociación hace que este síndrome de repetición pueda sobrevenir años más tarde, con la misma intensidad. El sentimiento de revivir el traumatismo antiguo es responsable de lo que se llama síndrome de stress post-traumático.
El debriefing se dirige, luego, a destruir esta imagen que ha producido la efracción, lo más rápido posible, así como también la posible reaparición de la misma.
El debriefing puede ser llevado a cabo por personas que se desempeñen como socorristas, bomberos o psicoterapeutas, entrenados en dicho método. Equipos médicos-psicológicos son diligenciados sobre los lugares del drama y toman a su cargo inmediatamente a las víctimas. El trabajo en grupo ofrece un sostén mutuo a cada uno para diferenciarse con respecto al trauma; es decir, la forma en que cada persona ha sido afectada, es individual y pertenece sólo a uno mismo.
El trauma es siempre -al menos al principio- un sufrimiento insoportable, y el traumatizado presenta el riesgo de estar siempre ahí, presente, surgiendo del trauma de manera imprevisible. Por eso el debriefing consiste en hablar del hecho, hablar de uno mismo dentro de la situación traumática; esto permite que la imagen traumática se fragmente y pueda tejerse lazos, pedazo por pedazo con el resto de las representaciones psíquicas. Su efecto inmediato es frecuentemente espectacular: retorno del sueño, atenuación de las fobias, se retoma el diálogo con los otros y, en la mayoría de los casos puede evitarse la aparición del stress post-traumático. No obstante, podrá reaparecer el sufrimiento, lo que conlleva a la necesidad de empezar una psicoterapia más prolongada, pues un traumatismo presente puede también despertar otros más antiguos que se han fugado entre los huecos de nuestra memoria.

(Adaptado del artículo en francés “Debriefing” del Dr. Serge Hefez. Psychiatre. ESPAS.
http: www.serpsy.org/psy_levons_voile/psychotherapie/debriefing...









"DEBRIEFING”: EL PSIQUISMO FRENTE AL TRAUMA POR CATÁSTROFE

Por Patricia Martínez Llenas.


El traumatismo psíquico por stress mayor ocasionado en circunstancias de catástrofe, conocido como “TRASTORNO POR STRESS POSTRAUMATICO”, tiene y debe ser tratado rápidamente a través de una técnica de contención psicológica denominada “DEBRIEFING”

Tras todo evento de tipo catastrófico, como por ejemplo ha sido el doloroso evento en República Cromagnon, o el maremoto último de los países de Asia, o una toma masiva de rehenes por parte de terroristas chechenos como pasó en Rusia hace un tiempo, o algún accidente de características masivas y sangrientas, como así también los efectos de pos-guerra, vemos frecuentemente el accionar de equipos especializados haciéndose cargo del sufrimiento psicológico de las víctimas y de sus allegados.
Estos especialistas intervinientes, practican frecuentemente lo que se ha dado a conocer como el “debriefing”; que es una técnica de psicoterapia breve que orienta a prevenir y a superar las diferentes formas de stress que surgen luego de un evento grave, inesperado, violento o brutal, durante el cual la vida de las víctimas han estado en peligro.
Originalmente esta técnica fue utilizada por médicos militares, para luego ser perfeccionada y modificada para hacerla extensible a otras instancias a ser empleada por policías, bomberos, especialistas en salvatajes, y equipos médico-psicológicos especializados para actuar en estos casos.
Reaccionar ante un incidente traumático es un hecho normal, no se trata de una debilidad del carácter; aunque las víctimas puedan tener reacciones emocionales fuertes; no se consideran a éstos como casos psiquiátricos, pero es absolutamente necesario intervenir rápidamente para evitar que un acontecimiento terrible del cual no somos en nada responsables conduzca a las víctimas a un verdadero estado de stress permanente, que invada sus vidas durante años, y tal vez a lo largo de toda sus vidas.
Ante un evento catastrófico, la persona que haya sido testigo o víctima, es totalmente normal, que se sienta invadida por tensión emocional, crisis de lágrimas, angustia, agitación o sideración psicológica.
En dichos momentos hay una tendencia espontánea por tentar “hacer olvidar” al afectado ese acontecimiento que acaba de vivenciar; sin embargo, las personas que han sido alcanzadas por el traumatismo experimentan otra necesidad: la de contar incansablemente -segundo por segundo- las experiencias que han atravesado, de volver lo más precisamente sobre los hechos –lo visto, oído y sentido-; sobre las emociones experimentadas –miedo, desesperación, cólera, abandono- y, sobre los pensamientos que atravesaron su psiquismo. Vuelven a ver las escenas como si estuvieran ahí, y el recuerdo de los gritos, de los olores, de las imágenes parecen renacer o repetirse más verdaderos que en la memoria ordinaria.
Frente a esto, el debrienfing debe ser propuesto en las primeras 72 horas siguientes al evento traumatisante; en efecto, cuanto más precoz sea la intervención, mejores son las oportunidades y posibilidades de prevenir la aparición de un Stress Post-traumático, o de atenuarlo. La toma a cargo se hace frecuentemente en el lugar mismo de la catástrofe, en las escuelas o en los centros administrativos donde puedan acomodarse confortablemente. Si las víctimas se sumergen muy rápido en su medio familiar o amistoso, corren el riesgo de disimular su desarraigo y su desborde emocional para conformar a su medio, lo cual aumenta el riesgo de la parición de trastornos ulteriores.

EL PRINCIPIO DEL MÉTODO

El debriefing se practica individualmente o en grupo con las personas que han sido afectadas por la catástrofe, siendo excluidos todos aquéllos que son ajenos al hecho. Lo primero que debe hacerse, es permitir a cada uno rememorar lo más preciso posible, el traumatismo penoso que acaba de atravesar. O sea, el evento mismo que está en el centro de la entrevista; el cual será nuevamente recorrido a nivel de los hechos, de las emociones y de los pensamientos.
Las preocupaciones del sujeto, en el momento donde el traumatismo lo sorprendió, debe ser re-encontrado. Las horas que le han seguido serán objeto de una investigación precisa, tanto de los hechos como de los pensamientos que los acompañaron.
El trabajo terapéutico permite eso que se llama “abreacción”; es decir, una descarga de las emociones, luego es la verbalización de esas emociones, lo que permite liberarse del evento responsable.
La técnica del debriefing se apoya sobre el conocimiento de los mecanismos del traumatismo psíquico, el cual es una efracción (o fractura), una penetración en el interior del aparato psíquico de una imagen que no debiera encontrarse ahí: la imagen del Sí mismo como muerto.
Esta efracción provoca un estado de embrutecimiento o sideración (atontamiento) y, sobretodo, una disociación del pensamiento: una parte de los pensamientos continúa circulando libremente, permitiendo en apariencia adaptarse a la realidad presente; se produce entonces una hipervigilancia que permite estar en estado de alerta, un embotamiento de las emociones y una amnesia parcial que permite manejar el stress. Pero otra parte queda adherida alrededor de la imagen traumática, originando perturbaciones conocidas bajo la denominación de síndrome de repetición traumática: donde el sujeto revive las escenas indefinidamente como un filme que se reitera de manera circular. La angustia no aparece sino posteriormente, a posteriori, acompañando el síndrome de repetición o la amenaza de la aparición de esas imágenes traumáticas. Es esta angustia la responsable del estado de stress agudo que puede instalarse siguiendo al trauma, y puede acompañarse del sentimiento de culpabilidad por haber sobrevivido, o por no haber ayudado a los otros; de un sentimiento de rebelión o de venganza, de un sentimiento de incomunicabilidad con aquéllos que no han experimentado la misma experiencia que uno.
Pero el mecanismo de disociación hace que este síndrome de repetición pueda sobrevenir años más tarde, con la misma intensidad. El sentimiento de revivir el traumatismo antiguo es responsable de lo que se llama síndrome de stress post-traumático.
El debriefing se dirige, luego, a destruir esta imagen que ha producido la efracción, lo más rápido posible, así como también la posible reaparición de la misma.
El debriefing puede ser llevado a cabo por personas que se desempeñen como socorristas, bomberos o psicoterapeutas, entrenados en dicho método. Equipos médicos-psicológicos son diligenciados sobre los lugares del drama y toman a su cargo inmediatamente a las víctimas. El trabajo en grupo ofrece un sostén mutuo a cada uno para diferenciarse con respecto al trauma; es decir, la forma en que cada persona ha sido afectada, es individual y pertenece sólo a uno mismo.
El trauma es siempre -al menos al principio- un sufrimiento insoportable, y el traumatizado presenta el riesgo de estar siempre ahí, presente, surgiendo del trauma de manera imprevisible. Por eso el debriefing consiste en hablar del hecho, hablar de uno mismo dentro de la situación traumática; esto permite que la imagen traumática se fragmente y pueda tejerse lazos, pedazo por pedazo con el resto de las representaciones psíquicas. Su efecto inmediato es frecuentemente espectacular: retorno del sueño, atenuación de las fobias, se retoma el diálogo con los otros y, en la mayoría de los casos puede evitarse la aparición del stress post-traumático. No obstante, podrá reaparecer el sufrimiento, lo que conlleva a la necesidad de empezar una psicoterapia más prolongada, pues un traumatismo presente puede también despertar otros más antiguos que se han fugado entre los huecos de nuestra memoria.

(Adaptado del artículo en francés “Debriefing” del Dr. Serge Hefez. Psychiatre. ESPAS.
http: www.serpsy.org/psy_levons_voile/psychotherapie/debriefing...









jueves, 1 de noviembre de 2007

LA RELACIÓN DE DOMINACIÓN (DEL FRANCÉS RELATION D’EMPRISE)

Lic. Patricia Martínez Llenas


La relación de dominación es una forma de manipulación grave que constituye un real proceso de destrucción mental. La víctima no tiene más que una débil estima de ella misma, ha sido lesionada en lo más profundo de su identidad, el derecho de ser otro le está negado. Se encuentra rebajada por su dominador del estado de sujeto a ese de objeto. La víctima no puede replicar a la violencia que le es hecha, encerrada en la sumisión a su agresor insidioso que la subyuga y la apremia a través de comportamientos manipulatorios. Así, la víctima perciba esta violencia como una punición justificada por su estado de inferioridad y que la revuelta no hará más que amplificarlo.
El dominador tiene muy poca o ninguna conciencia de la violencia que inflige y un mínimo sentimiento de culpabilidad. Para la víctima, el pronóstico es sombrío y las secuelas psíquicas son profundas, pudiendo conducir al extremo justo del suicidio.
El discurso y el comportamiento del instigador –dominador- no tiene por finalidad el intercambio con el otro. Pero sí el levantamiento progresivo y solapado de las defensas de su víctima para llevarla a un estado de confusión próximo al trance. Este estado de conciencia suspendido es mantenido por el aprendizaje y la obediencia a comportamientos automáticos sostenidos desde una lógica de supervivencia frente a situaciones de impotencia, y por reglas sociales intangibles.
Así la renombrada psicoanalista Marie-France Irigoyen trata el tema de la relación de dominio en su libro “El acoso moral. La violencia perversa en lo cotidiano” (Le harcelement moral. La violence perverse au quotidien” de Editions Syros, Paris, 2001), libro resumido por Gladys Ndang en septiembre 2006.
Doctor en medicina desde 1978, Marie France Irigoyen se especializó en psiquiatría. Psicoanalista, psicoterapeuta familiar, anima desde 1985 seminarios de gestión del estrés en empresas. Luego se formó en victimología en los EEUU primero, luego en Francia donde presentó una tesis intitulada “La destrucción moral, las víctimas de los perversos narcisistas”. Centra entonces sus búsquedas sobre la violencia psicológica y publica en 1998 un ensayo “Le harcelement moral, la violence perverse a quotidien”, que conoce un inmenso suceso y se encuentra traducido en 22 lenguas. Es este ensayo el que se desarrollará inmediatamente en su libro de mismo título.
Un individuo narcisista impone su dominación para retener al otro, queriendo paralizar a su partenair poniéndolo en posición de incertidumbre: para estar seguro de quedar en posición de superioridad, el perverso narcisista constituye una asociación mortífera de denigración, los ataques subterráneos son sistemáticos.
La convención internacional de los derechos del niño considera como malos tratos psicológicos hacia los niños: la violencia verbal, los comportamientos sádicos y desvalorizantes, el rechazo afectivo, las exigencias excesivas o desproporcionadas en relación a la edad del niño. A veces dicho maltrato tiene la máscara de la educación, ya que la educación tradicional tiene por finalidad quebrar la voluntad del niño para hacerlo un ser obediente y dócil, por lo que los niños no pueden reaccionar dada la fuerza y la autoridad aplastante de los adultos educadores que los convierten en mudos y pueden asimismo hacerles perder la conciencia de realidad.
El acoso sexual es un paso en más del acoso moral. Si bien concierne a los dos sexos, la mayor parte concierne a mujeres agredidas por hombres, que frecuentemente son jerárquicamente superiores (profesor-alumna; médico-paciente)
Diferentes tipos de acosadores sexuales han sido descritos –todos teniendo en común un ideal de rol masculino dominante y actitudes negativas respecto de las mujeres y el feminismo. Diferentes categorías de acoso sexual fueron identificadas : el acoso de género, que consiste en tratar a una mujer de manera diferente porque es una mujer, con remarcas o comportamientos sexistas; el comportamiento seductor ; el chantaje sexual ; la atención sexual no deseada; la imposición sexual y el asalto sexual.
LAS RELACIONES PERVERSAS Y LOS PROTAGONISTAS
La influencia consiste, sin aumentar, a llevar a cualquiera a pensar, decidir o conducirse diferentemente a como lo haría espontáneamente. La persona que es blanco de esa influencia no puede consentir a priori libremente. El proceso de influencia está pensado en función de su sensibilidad y sus vulnerabilidades. Eso se hace a través de la seducción y la manipulación. Como en toda manipulación, la primer etapa consiste a hacer creer al interlocutor que él es libre, así se trata de una acción insidiosa que priva de libertad a aquél que está sumiso. No se trata, pues, de argumentar de igual a igual, pero sí de imponer, impidiendo al otro de tomar conciencia del proceso, impidiéndole de discutir o resistirse. Se le retira así a la víctima sus capacidades de defensa, se le retira todo sentido crítico, eliminando también toda posibilidad de rebelión. Encontramos aquí todas las situaciones donde un individuo ejerce una influencia exagerada y abusiva sobre un otro y sus respuestas.
¿Qué significa la palabra francesa “emprise” en este contexto de acoso moral y sexual?La emprise es un procedimiento de dominación sobre otro. La relación de dominio impide toda posibilidad de entrar en relación real con el otro en tanto que otro, diferente de si, manteniéndolo sumiso al grupo, prisionero y esclavo.
Se trata de fraude moral. Es la dominación intelectual o moral en una relación de dominación. El poder arrastra al otro hacia la dependencia. Se trata de debilitar al otro para dejar pasar mejor sus ideas. La relación de dominación puede ir hasta la captación del espíritu del otro como en un verdadero lavado de cerebro.
La dominación sólo existe en el campo relacional, es la dominación intelectual o moral, la ascendencia o influencia de un individuo sobre otro. La víctima es atrapada en una tela de araña, tenida a disposición, ligada psicológicamente, anestesiada. No tiene conciencia de haber sufrido esta efracción.
LA COMUNICAcION PERVERSa
El perverso narcisista toma un modo particular de comunicación hecha de actitudes paradojales, de mentiras, de sarcasmos, de irrisión, y de desprecio. La utilización de la relación de dominación se basa en procedimientos que otorgan la ilusión de una comunicación: una comunicación particular no hecha para reunir sino para alejar e impedir el intercambio. Esta distorsión en la comunicación tiene por finalidad la utilización del otro. Para que este otro continúe sin comprender nada de estos procedimientos en curso y así confundirlo más aun, hay que manipularlo verbalmente. Siendo no verbal, oculta, sofocada, la violencia transpira a través de los no dichos, los desentendidos, las reticencias, por lo que es vector de angustia.
Los diferentes métodos de comunicación que utiliza el perverso para dominar y desestabilizar a su víctima son:
Rechazar la comunicación directa: No hay jamás comunicación directa porque “No se discute con las cosas”. El rechazo al diálogo es una forma de decir, sin expresar directamente con las palabras, que el otro no le interesa o que no existe como tal.
Deformar el lenguaje: Se encuentra en los perversos, cuando éstos se comunican con sus víctimas, una voz fría, blanca, plana, monocorde. Es una voz sin tonalidad afectiva, que congela, inquieta, dejando aflorar los propósitos más anodinos como el desprecio y la irrisión. El mensaje de un perverso es deliberadamente vago e impreciso, tendiendo a la confusión. Otro procedimiento verbal habitual de los perversos es utilizar un lenguaje técnico, abstracto, dogmático, para arrastrar al otro a consideraciones que no comprende en absoluto, y por las cuales no osa pedir explicaciones por miedo a pasar por un imbécil. Ese discurso frío, puramente teórico, tiene por efecto el impedir a quién escucha, poder pensar y por lo tanto de reaccionar.
Mentir: Más frecuente que una mentira directa, el perverso utiliza de entrada un conjunto de desentendidos, de no dichos, destinados a crear un malentendido para enseguida explotarlo a su favor. Los mensajes incompletos, paradojales corresponden a miedos en la reacción del otro. Se dice sin decir, esperando que el otro haya comprendido el mensaje sin que las cosas hayan tenido necesidad de ser nombradas. Esas mentiras no pueden decodificarse la mayoría del tiempo sino que lo es a posteriori. Decir sin decir es una forma hábil de hacer frente a toda situación.
El perverso utiliza el sarcasmo, la irrisión y el desprecio: Brevemente, el perverso se burla de las convicciones de su víctima, de sus elecciones políticas, de sus gustos, la ridiculiza en público; la denigra delante de otros: la priva de toda posibilidad de expresión, se mofa de sus puntos débiles, hace alusiones de desobediencia sin jamás explicitarlas, pone en duda sus capacidades de juicio y de decisión.
El discurso paradojal esta compuesto de un mensaje explícito y de otro que es mal entendido, del cual el agresor niega la existencia. Esto es un medio muy eficaz para desestabilizar al otro.
Descalificar a alguien consiste en decirle y repetirle que no vale nada, hasta que este termine por prensarlo el mismo.
Dividir para mejor reinar: El goce supremo para el perverso es hacer cumplir la destrucción de un sujeto por un otro, y de asistir a este combate del cual los dos saldrán debilitados, y eso reforzará su omnipotencia personal.
Imponer su poder: Se está en la lógica del abuso de poder donde el más fuerte somete al otro. La toma de poder se hace a través de la palabra. Dar la impresión de saber más, de detentar una verdad “la verdad”. Se pone en marcha un funcionamiento totalitario, fundado sobre el miedo, que tiende a obtener una obediencia pasiva: el otro debe actuar como el perverso espera, debe pensar según sus normas. Ningún espíritu crítico es posible. Se trata de aniquilar, de negar toda diferencia. El agresor establece esta relación de influencia para su propio beneficio y en detrimento de los intereses del otro.

LA VIOLENCIA PERVERSA
Resistirse a esta relación de dominación, es exponerse al odio, En este estadío, el otro, que no existía como tal, sino como un objeto útil deviene en objeto peligroso del cual conviene desembarazarse a través de no importa que medio. La estrategia perversa se devela un buen día. El odio es mostrado! En el momento que la víctima da la impresión de escapársele, el agresor vivencia un sentimiento de pánico y de furor; se desencadena. Cuando la víctima expresa lo que siente, tiene que hacerla callar. Es una fase de odio en estado puro, extremadamente violenta, hecha de golpes bajos y de injurias, de palabras que rebajan, humillan, tornando en irrisorio todo eso que es propio del otro.
Esta armadura de sarcasmo protege al perverso de aquello que más teme, la comunicación. Todo lo que ya existía de forma subterránea aparece ahora un buen día. El trabajo de demolición deviene sistemático. No se trata aquí de amor que se transforma en odio como se tiende a creer, pero sí de apetencia o ganas que se transforman en odio; de no amor bajo una máscara de deseo, no por la persona misma, pero por eso tiene en más y que el perverso quisiera apropiarselo. Luego, es un odio oculto, ligado a la frustración de no poder obtener del otro lo que tanto deseaba. Cuando el odio se expresa francamente, es con la intención de destrucción, de aniquilación del otro.
EL AGRESOR
Los rasgos de la personalidad son muy comúnmente compartidos (egocentrismo, necesidad de admiración, intolerancia a la crítica) y no son por tanto patológicos.
La noción de perversidad implica una estrategia de utilización, luego de destrucción de otro, sin ninguna culpabilidad. Un perverso narcisista se construye asumiendo sus pulsiones destructivas.
Estas características son también comunes del Trastorno Antisocial de la personalidad.
Así el sentido de perversidad lo encontramos en la descripción que hace el DSM IV (Criterios Diagnósticos de los Trastornos Mentales de la American Psychiatric Association), tal como sigue :
A. Un patrón general de desprecio y violación de los derechos de los demás que se presenta desde la edad de 15 años, como lo indican tres (o más) de los siguientes ítems:
1. fracaso para adaptarse a las normas sociales en lo que respecta al comportamiento legal, como lo indica el perpetrar repetidamente actos que son motivo de detención.
2. deshonestidad, indicada por mentir repetidamente, utilizar un alias, estafar a otros para obtener un beneficio personal o por placer3. impulsividad o incapacidad para planificar el futuro4. irritabilidad y agresividad, indicados por peleas físicas repetidas o agresiones5. despreocupación imprudente por su seguridad o la de los demás6. irresponsabilidad persistente, indicada por la incapacidad de mantener un trabajo con constancia o de hacerse cargo de obligaciones económicas7. falta de remordimientos, como lo indica la indiferencia o la justificación del haber dañado, maltratado o robado a otros
B. El sujeto tiene al menos 18 años.
C. Existen pruebas de un trastorno disocial que comienza antes de la edad de 15 años.
D. El comportamiento antisocial no aparece exclusivamente en el transcurso de una esquizofrenia o un episodio maníaco.
Alberto Eiger intentó sobre eso dar la definición siguiente: “Los individuos perversos narcisistas son aquellos que, bajo la influencia de su Si grandioso, tratan de crear un vínculo con un segundo individuo, atacando particularmente la integridad narcisista del otro con el fin de desarmarlo. Atacando también el amor de Sí, la confianza en Sí, la autoestima y la creencia en Sí del otro. Al mismo tiempo buscan, en cierta forma, a hacer creer que el vínculo de dependencia al otro respecto a ellos es irremplazable y es lo que el otro le solicita.
La personalidad narcisista, según el DSM IV está descrita como sigue (presenta al menos cinco de las manifestaciones siguientes) :
Un patrón general de grandiosidad (en la imaginación o en el comportamiento), una necesidad de admiración y una falta de empatía, que empiezan al principio de la edad adulta y que se dan en diversos contextos como lo indican cinco (o más) de los siguientes ítems:
tiene un grandioso sentido de autoimportancia (p. ej., exagera los logros y capacidades, espera ser reconocido como superior, sin unos logros proporcionados).2. está preocupado por fantasías de éxito ilimitado, poder, brillantez, belleza o amor imaginarios.3. cree que es "especial" y único y que sólo puede ser comprendido por, o sólo puede relacionarse con otras personas (o instituciones) que son especiales o de alto status.4. exige una admiración excesiva.5. es muy pretencioso, por ejemplo, expectativas irrazonables de recibir un trato de favor especial o de que se cumplan automáticamente sus expectativas.6. es interpersonalmente explotador, por ejemplo, saca provecho de los demás para alcanzar sus propias metas.7. carece de empatía: es reacio a reconocer o identificarse con los sentimientos y necesidades de los demás.8. frecuentemente envidia a los demás o cree que los demás le envidian a él.9. presenta comportamientos o actitudes arrogantes o soberbios.
El psicoanalista de renombre internacional Otto F. Kernberg, en su libro “LA AGRESION EN LAS PERVERSIONES Y EN LOS DESÓRDENES DE LA PERSONALIDAD” de Editorial Paidós, Buenos Aires, 1º edición 1994, en el cap. 5, pág. 117, considera que “hay también un grupo de pacientes ubicados en algún punto entre el trastorno narcisista y el antisocial, caracterizados por que yo he denominado el síndrome del narcisismo maligno (1984). Este síndrome se define por la combinación de 1) un trastorno narcisista de la personalidad; 2) conducta antisocial; 3) agresión o sadismo yo-sintónico –quiere decir que no genera angustia en el yo del agresor- dirigidos contra los demás o expresado en un tipo particular de automutilación triunfante o con intentos de suicidio, y 4) una fuerte orientación paranoide.”
¿Cuáles son las relaciones de la malignidad y la crueldad con el sadismo? Sartre escribió que la malignidad es tener la necesidad del sufrimiento de los otros para existir.
El psicoanalista R. Dorey ponía el acento sobre la relación de dominación, apropiación, desposesión. Neutralización del deseo del otro y abolición de la alteridad, sea por la seducción, sea por la fuerza.
Los perversos narcisistas son individuos megalómanos que se ponen como referentes, como marco del bien y del mal, de la verdad. Se les atribuye frecuentemente un aire moralizador, superior, distante. Aunque si ellos no digan nada, el otro se siente sorprendido en falta. Anteponen sus valores morales irreprochables dando una buena imagen de ellos mismos. Denuncian la malevolencia humana. Presentan una ausencia total de interés y empatía para los otros, pero desean que los otros se interesen a ellos. Todo les es debido. Critican a todo el mundo, no admitiendo ningún cuestionamiento y ningún reproche.
LA VICTIMA
La víctima es víctima porque ella ha sido designada por el perverso. Deviene en chivo expiatorio, es la responsable de todo el mal. Ella será de ahora en adelante el blanco de la violencia, evitando a su agresor una depresión o bien, un cuestionamiento. La víctima en tanto que víctima, es inocente del crimen por el cual va a pagar. No obstante, los propios testigos de la agresión la convierten en sospechosa. Todo pasa como si una víctima inocente no pudiese existir. Se imagina que ella consiente tácitamente o que ella es cómplice, conscientemente o no, de su agresión.
Lo propio de un ataque perverso, es de considerar las partes vulnerables del otro, ahí donde existe una debilidad o una patología. Cada indivuduo presenta un punto débil que será para el perverso un punto de enganche. Puede que esta falla sea justamente eso que el otro rechaza ver en sí mismo. El ataque perverso es entonces una revelación dolorosa. Eso puede ser un síntoma que el otro intenta banalizar, minimizar, y que la agresión perversa vendría a reactivar. Los perversos buscan en el otro el germen de la autodestrucción que es suficiente para activar una comunicación desestabilizante.
El funcionamiento perverso consiste en apagar toda marca de libido. Pues la libido es la vida. Es necesario, entonces, apagar toda marca de vida, todo deseo, también toda posibilidad de reaccionar. En la relación con los perversos, no hay simetría, pero sí dominación de uno sobre el otro, e imposibilidad para la persona sometida, de reaccionar y detener el combate. Es así cuando se trata realmente de una agresión.
Las consecuencias a largo término (en la víctima):
El shock se produce cuando las víctimas toman consciencia de la agresión. Hasta ese momento no eran desconfiadas, sino que estaban aún demasiado confiadas. Brutalmente, comprenden que han sido el juguete de una manipulación. Se encuentran desamparadas, heridas, todo se derrumba. La importancia del traumatismo viene del efecto sorpresa y de la falta de preparación, consecuencia de la dominación. Momento donde se mezclan el shock emocional, el dolor y la angustia. Es una sensación de efracción violenta, de sideración, de desborde, de hundimiento que ciertas víctimas describen como una agresión física « es como un puñetazo ». De ahí en más se organiza el complejo cuadro de estrés postraumático.
El síndrome de Estrés postraumático : [1]
Síndrome del TEPT –Trastorno por estrés postraumático, o PTSD –Postraumatic Stress Disorder o Desarrollo Psíquico Postraumático-, este otro concepto que se acopla, es el de “SIDERACION PSIQUICA” *(a) entendiendo como tal a un estado psicológico de atontamiento, de un trastocamiento o devastación (bouleversement), de los puntos de referencia del sujeto, cuando es impactado por el evento traumático.

Dicho impacto produce a nivel intrapsíquico una suerte de “efracción” –o fractura- del sistema de para-excitación (como Freud lo explicara, es el sistema de defensa que protege al psiquismo de un exceso de excitación, que evita el desborde de estímulos displacenteros que son resentidos como un aumento insoportable de afecto angustioso), siendo esta efracción la responsable de colocar al sujeto en confrontación con la “realidad de la muerte”, o con la “imagen del Sí Mismo muerto”.

La Sideración Psíquica, es el verdadero momento de desestructuración yoica, y el inicio de procesos psicopatológicos, que operan fundamentalmente bajo el predominio de la disociación o clivaje de las representaciones, ya que una parte de los pensamientos continúa circulando libremente, permitiendo en apariencia adaptarse a la realidad presente.
Se produce entonces una hipervigilancia que permite estar en estado de alerta, mientras que un embotamiento de las emociones y una amnesia parcial permiten manejar el estrés. Pero otra parte queda adherida alrededor de la imagen traumática –disociada-, originando perturbaciones que luego de cierto tiempo de transcurrido el evento traumático –a posteriori, o aprés-coup-, se organizan y consolidan bajo el nombre de síndrome de repetición traumática. Así el sujeto revive las escenas traumáticas indefinidamente como un filme que se reitera de manera circular.

Estos elementos descritos, se combinan dinámicamente constituyendo el:
“Síndrome del Trastorno por estrés postraumático”, en el que podemos advertir la presencia de las siguientes manifestaciones, que son expresiones directas de la irrupción masiva de emergentes de proceso primario, como modalidad de funcionamiento psíquico preponderante:
Ø Reacciones inmediatas de estrés
Ø Evocación de la muerte
Ø Ausencia de mediación a través de las palabras (ausencia de palabras)
Ø Experiencia particular originada en la pérdida de dos referentes, del tiempo (no saben más su edad...) y del espacio (no saben más dónde se encuentran, desorientación temporoespacial, confusión inmediata o diferida...)
Ø Inhibición (no neurótica), sideración
Ø Mirada escópica de imágenes traumáticas (de la pulsión escópica entendida como la pulsión de mirar con cierta fascinación imágenes de fuego, explosión, las imágenes son traumatisantes)
Ø Imágenes auditivas (ruidos de explosión, gritos, voces...)
Ø Imágenes olfativas (olor químico...) Imágenes táctiles (horripilación, sensaciones corporales, carne de gallina...)
Ø Trastornos de funciones vitales: pérdida de apetito, trastornos del sueño, como el despertar frecuente, pesadillas, o una hipersomnia que permite un “refugio en el soñar”
Ø Trastorno del humor hacia la tristeza; melancolía con culpabilidad; labilidad del humor; trastornos del carácter con agresividad, violencia. La persona afectada es portadora de un sentimiento de terror, que conlleva un riesgo de suicidio importante, y/o una vivencia de la nada, de aniquilación.

Este nuevo estado de desequilibrio mayor se produce a expensas de la anterior integridad y homeostasis psicológica, rompiendo sus cadenas asociativas y sus representaciones intrapsíquicas, fragmentando a éstas en pedazos, siendo las imágenes traumáticas la que ahora ocupan el centro de la escena, volviendo como pensamientos intrusivos, pesadillas, angustias incontrolables, fobias, etc.

La sideración psicológica, será pues, el estado de mayor indefensión y vulnerabilidad donde anclarán luego (del aprés-coup), las diversas manifestaciones del trastorno por estrés post-traumático.
[1] Mariano N. Castex “El Daño en Psicopsiquiatría Forense”, Ed. AD-HOC, 2º edición Julio 2005. Cap.XV “Daño psíquico: otra mirada” págs. 201-209 de la autora Patricia Martínez Llenas.

*(a) El término "sideración psiquica", que es utilizado en técnicas proyectivas y en psicoanálisis por la escuela francesa en general, hace referencia a un estado de inhibición psíquica mayor, donde prácticamente el bloqueo asociativo es total, o sea, el sujeto, guarda silencio frente a los estímulos presentados a través de las distintas láminas, sea del Rorschach, o del TAT, sus tiempos de respuesta o de latencia inicial para dar una respuesta, son larguísimos, justamente porque está inhibido en sus procesos asociativos; los silencios son numerosos, en general la producción verbal está muy restringida. Esto se acompaña generalmente de manifestaciones de ansiedad, que a nivel del comportamiento, se observan como mímicas, rictus de angustia, sudación, actitud petrificada. Este mismo estado, lo describen como reacción de inhibición, o bloqueo, o sideración, frente a la experiencia psicotraumática, que luego deviene en trastorno por estrés postraumático. Por lo tanto, la “sidération psychique”, es un galicismo, que adaptado a nuestra lengua como “sideración psíquica”, es utilizado en la explicación psicoanalítica de los estados por estrés postraumático.

domingo, 3 de junio de 2007

Nosografía psico-psiquiátrica y delito

*Por Patricia Martínez Llenas

Si intentamos articular los conceptos de responsabilidad-libertad-culpabilidad-imputabilidad, como parte integrante de la conducta típica y antijurídica dentro de la teoría del delito y desde una visión psico-psiquiátrica, deberíamos considerar las diferentes psicopatologías que den cuenta de posibles encuadres donde esos conceptos pueden tenerse en pie o no.

a. Dentro de las estructuras neuróticas de personalidad, o desarrollos o reacciones anormales de la personalidad (también a veces mal denominadas como variables de la normalidad) en las que se encuentra estabilidad entre las instancias psíquicas de la personalidad (Yo, Ello y SuperYo), donde se puede detectar la existencia de normas éticas internalizadas, de concienca moral, de auto-observación, de la capacidad de entrar en conflicto y de angustiarse frente a situaciones frustradoras –egodistonía-, de una manera de vivir inserto en la realidad circundante, compartiendo códigos, símbolos y costumbres acordes con la sociedad, podremos inferir que dicha personalidad dispone de recursos psicólogicos suficientes para vivenciar el sentimiento de culpa o culpabilidad subjetiva, por lo que se encuentra sobre el eje de la responsabilidad-libertad-imputabilidad.

b. Si en cambio, hablamos de estructuras psicóticas, donde se ha quebrado la continuidad de la línea de desarrollo de la personalidad, donde el proceso psicótico ha modificado la inserción de dicha personalidad dentro de la realidad circundante, a través de una ruptura de la realidad, y la creación de una neo-realidad, tal como se evidencia en las manifestaciones delirantes y alucinatorias de las psicosis. Si la conducta típica antijurídica, emana directamente desde dicha personalidad perturbada, si la conducta delictiva es un sub-producto delirante tal como presentan los psicóticos paranoicos, o consecuente a manifestaciones alucinatorias altamente persecutorias, tal como aparecen en brotes esquizofrénicos, o en comportamientos demenciales desinhibidos, liberados del control cortical cerebral, o bien bajo la influencia de productos tóxicos, o noxas de diversa etiología médica. Asimismo en las patologías deficitarias por retrasos mentales, tomando como ejemplo las oligofrenias más severas, u otras patologías que produzcan una detención del desarrollo psícofísico, que comprometan tanto la dirección de las conductas emanadas, como frente a situaciones donde al individuo se le torna imposible la comprensión de la conducta antijurídica, ya que por su evidente trastorno no puede asimilar las normas, ni motivarse en ellas.

c. En delitos cometidos bajo efecto directo de sustancias psicoactivas (drogas, alcohol) donde puede haber trastorno mental transitorio completo acompañado de amnesia, u otras situaciones que cursen con estados de inconsciencia, por ej la borrachera del sueño, la responsabilidad de dichos actos queda fuera de toda discusión.

Pero deberá tenerse en cuenta si la intoxicación fue provocada adrede para delinquir, o de manera casual o accidental sin intención delictual previa.

d. Existen otras situaciones límites donde la respuesta del victimario responde a una turbulencia emocional derivada de la conducta provocadora de la víctima, más una psicosensibilización –o estado psicoanafiláctico de Bonnet-, que prepara el terreno comportamental para que dadas ciertas y determinadas situaciones desencadenanates, se produzca el estallido conductual violento. Este último implica un trastorno transitorio de conciencia incompleto que cursa con dismnesia y que para los españoles serían los estados equivalentes de arrebato –estado de emoción turbulenta- u obcecación –estado pasional-

Dichos comportamientos emocionales o pasionales, pueden tener tal grado de enturbamiento de conciencia que entrarían en un grado menor de imputabilidad, o sea como atenuantes de la responsabilidad penal.

e. Las personalidades psicopáticas, los psicópatas, o “trastorno antisocial” o disocial de la personalidad, o llamadas también sociopatías, personalidades agresivas, impulsivas o en cortocircuito, son las más proclives a cometer conductas delictivas.

La noción de conflicto intrapsíquico, tal como lo encontramos en la personalidad neurótica, no lo encontramos en estos cuadros, no hay conciencia moral, ni auto-observación, ni internalización de normas éticas, no puede tolerar la angustia ni la frustración, frente a una situación de conflicto, reacciona por medio del acto, pasa al acto directamente descargando toda la tensión interna en el mundo exterior, por eso el dicho que el psicópata tiene conflicto entre su “ello y la realidad” (el “Ello” es la instancia intrapsíquica que pertenece al mundo pulsional e inconsciente, o sea a la parte más primitiva de las pulsiones agresivas y sexuales). El psicópata, desde esta perspectiva, no tiene moral, no tiene culpa, acciona y reacciona según sus propias apetencias.

Es considerado generalmente responsable, por lo tanto imputable (¿?). Consideración en eterno debate, ya que una personalidad como tal, presenta evidentes trastornos, alteraciones o déficit, por lo que se torna riguroso en extremo hacer un estudio cabal y profundo caso por caso.

f. Hay otra psicopatología de difícil encuadre, los estados o personalidades límites –l’état limite- o fronterizos, borderline o “Trastorno border”, que tienen como característica estar en el límite entre la neurosis y la psicosis. El síndrome central que presentan, denominado “difusión de la personalidad” es tal, que requieren de un diagnóstico diferencial estricto para no disfrazarlo de algo que no es. No presentan la misma ruptura con la realidad como en la psicosis, pero sí hacen descompensaciones psicóticas episódicas, también presentan una disociación denominada “clivaje intrapsíquico” que altera en gran medida la adecuación de esta personalidad con el entorno social, provocando conductas disfuncionales variadas. Se necesita de un buen estudio de la personalidad para distinguir en caso de conducta delictiva, si podrían haber atenuantes de la responsabilidad, o sea de la imputabilidad.

g. Llegando a otros trastornos, que en el ámbito penal siempre son materia de conflicto en cuanto a su evaluación psico-psiquiátrica forense frente a la pregunta del juzgador en torno al art. 34.1, donde la cuestión se debate respecto a si comprendió y dirigió sus actos, nos encontramos la siguiente nosografía que da el DSM IV, dentro de la categoría “Trastornos de la personalidad (F60)”, y explicita cuáles son los criterios diagnósticos generales:

A. Un patrón permanente de experiencia interna y de comportamiento que se aparta acusadamente de las expectativas de la cultura del sujeto. Este patrón se manifiesta en dos (o más) de las áreas siguientes:

1. cognición (p. ej., formas de percibir e interpretarse a uno mismo, a los demás y a los acontecimientos)
2. afectividad (p. ej., la gama, intensidad, labilidad y adecuación de la respuesta emocional)
3. actividad interpersonal
4. control de los impulsos

B. Este patrón persistente es inflexible y se extiende a una amplia gama de situaciones personales y sociales.

C. Este patrón persistente provoca malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.

D. El patrón es estable y de larga duración, y su inicio se remonta al menos a la adolescencia o al principio de la edad adulta.

E. El patrón persistente no es atribuible a una manifestación o a una consecuencia de otro trastorno mental.

F. El patrón persistente no es debido a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. ej., una droga, un medicamento) ni a una enfermedad médica (p. ej., traumatismo craneal).

Los trastornos que enumera son:

Paranoide – Esquizoide – Esquizotípico – Antisocial – Border – Histriónico – Narcisista – Por evitación – Por dependencia – Obsesivo Compulsivo –

Respecto al trastorno Border y al Antisocial, ya se ha hecho referencia supra, quedando como trastornos de la personalidad que casi siempre son materia de discusión entre peritos, el Paranoide, Esquizoide, Esquizotípico y Narcisista.

Éstos se caracterizan por presentar rasgos patológicos a nivel de carácter, de ahí que se los denomine “carateropatías” que conlleva una idea de rigidez tal que constituyen una “coraza caracterial” de muy difícil acceso a tratamientos psicoterapéuticos, ya que sus rasgos presentan tal fijeza y rigidización anclada en la personalidad de base, que los torna inmodificables. La concepción que tienen de la realidad está orientada desde esta especial manera de ser, por lo que la internalización de las normas y su consecuente motivación se hará desde esta cosmovisión inamovible.

Estas personalidades patológicas no presentan síntomas de angustia ni de egodistonía, es decir, no tienen conflicto entre la conducta desplegada y el Yo, porque simplemente no tienen registro de conflicto a ese nivel.

Desde el psicoanálisis se las describe como verdaderas “neurosis de carácter”, portadores de un SuperYo sádico y primitivo que está más próximo al Yo Ideal, de ahí que falten los componentes psicodinámicos de la conciencia moral y la auto-observación del SuperYo normal o post-edípico, siendo esta ausencia la responsable de estos rasgos sádicos y rígidos del carácter.

Acá también se hace prudente un análisis de caso por caso para evaluar en profundidad si la conducta enrostrada pudo haber sido de otro modo, si tuvo el margen de libertad personal para elegir una forma diferente de reacción.

h. Otra consideración aparte ameritan los “trastornos del control de los impulsos”, de los que puedan tener implicancias jurídico-penales, el “juego patológico o ludopatía”, el “trastorno explosivo intermitente”, la “piromanía” y la “cleptomanía”.

Aquí encontramos una irresistible compulsión a la descarga de pulsiones tanáticas que también ameritan ser estudiados seriamente para determinar si dicho aspecto compulsivo pudo ser modulado o no por su autor, es decir si pudo ser refrenable o no, de ahí el grado de libertad para elegir hacer o no hacer la conducta que se le reprocha penalmente.

A propósito del “trastorno explosivo intermitente” (F63.8) (312.34), el DSM IV lo clasifica según estos criterios:

  1. Varios episodios aislados de dificultad para controlar los impulsos agresivos, que dan lugar a violencia o a destrucción de la propiedad.
  2. El grado de agresividad durante los episodios es desproporcionado con respecto a la intensidad de cualquier estresante psicosocial precipitante.

Los episodios agresivos no se explican mejor por la presencia de otro trastorno mental (p. ej., trastorno antisocial de la personalidad, trastorno límite de la personalidad, trastorno psicótico, episodio maníaco, trastorno disocial o trastorno por déficit de atención con hiperactividad) y no son debidos a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p.ej., drogas, medicamentos) o a una enfermedad médica (p. ej., traumatismo craneal, enfermedad de Alzheimer)

A lo que se agrega la siguiente cita:

“Ya hace más de cincuenta años, cuando Kurt Schneider (1974) hablaba de los psicópatas explosivos, dudaba que se tratara de un tipo específico o, más bien, siguiendo a Kretschmer, de una "reacción primitiva". Los relacionaba con los epileptoides, con los ataques convulsivos psicógenos y, también, destacaba que las excitaciones explosivas podían convertirse ocasionalmente en estados crepusculares psicógenos. Fuera de esos estados, estos sujetos, comenta, se presentan habitualmente tranquilos y dóciles. Respecto a los epileptoides, propiamente, recupera de Kretschmer la valoración del temperamento viscoso (adhesivo, reiterativo), la labilidad de ánimo; dice que son ceremoniosos, pesados y perseverantes. Y añade: La importancia social de este grupo es grande. Los lábiles irritados llegan, a veces, a delitos afectivos; los inestables, a toda clase de delitos ocasionales. Soportan muy mal la disciplina militar. No es raro que, a consecuencia de crisis de labilidad de ánimo, se marchen sin permiso y deserten, aunque la mayoría de estos delitos tengan que interpretarse de otra manera. (p. 163)

Este tipo de carácter ha recibido el nombre, en la psicopatología escandinava (Strömgren), de ixotímico o ixoide, emparentado con la epilepsía y con el biotipo atlético de Kretschmer (Cf. Bohm, 1973, pp. 218 y ss.)”. [1]

Vemos cómo los viejos profesores de psiquiatría ya planteaban dudas respecto al grado de libertad intrínseca de estos pacientes en el despliegue de ciertas conductas, que veían como equivalentes a reacciones primitivas-epilépticas de difícil gobierno por la voluntad y/o la comprensión.

Sintetizando la idea de este artículo, en la concepción de esta autora en lo atinente al estudio de casos de controvertida implicancia jurídico-penal, se vuelve imprescindible el estudio a profundidad caso por caso, sin rotular ni generalizar a priori como tan frecuentemente se hace una vez constatado la ausencia de trastornos psicóticos –alucinaciones y/o delirios- que todo sujeto portador de un trastorno de personalidad será responsable de sus actos, tanto en su dirección como en su comprensión.



[1] “PSICOPATOLOGÍA Y RESPONSABILIDAD PENAL. ALGUNAS CUESTIONES SOBRE LA IMPUTABILIDAD” Fuente: Alejandro Ávila Espada. Universidad de Salamanca. Conferencia Inaugural. I Congreso de Psicología Jurídica en Red (2004)