domingo, 3 de junio de 2007

Nosografía psico-psiquiátrica y delito

*Por Patricia Martínez Llenas

Si intentamos articular los conceptos de responsabilidad-libertad-culpabilidad-imputabilidad, como parte integrante de la conducta típica y antijurídica dentro de la teoría del delito y desde una visión psico-psiquiátrica, deberíamos considerar las diferentes psicopatologías que den cuenta de posibles encuadres donde esos conceptos pueden tenerse en pie o no.

a. Dentro de las estructuras neuróticas de personalidad, o desarrollos o reacciones anormales de la personalidad (también a veces mal denominadas como variables de la normalidad) en las que se encuentra estabilidad entre las instancias psíquicas de la personalidad (Yo, Ello y SuperYo), donde se puede detectar la existencia de normas éticas internalizadas, de concienca moral, de auto-observación, de la capacidad de entrar en conflicto y de angustiarse frente a situaciones frustradoras –egodistonía-, de una manera de vivir inserto en la realidad circundante, compartiendo códigos, símbolos y costumbres acordes con la sociedad, podremos inferir que dicha personalidad dispone de recursos psicólogicos suficientes para vivenciar el sentimiento de culpa o culpabilidad subjetiva, por lo que se encuentra sobre el eje de la responsabilidad-libertad-imputabilidad.

b. Si en cambio, hablamos de estructuras psicóticas, donde se ha quebrado la continuidad de la línea de desarrollo de la personalidad, donde el proceso psicótico ha modificado la inserción de dicha personalidad dentro de la realidad circundante, a través de una ruptura de la realidad, y la creación de una neo-realidad, tal como se evidencia en las manifestaciones delirantes y alucinatorias de las psicosis. Si la conducta típica antijurídica, emana directamente desde dicha personalidad perturbada, si la conducta delictiva es un sub-producto delirante tal como presentan los psicóticos paranoicos, o consecuente a manifestaciones alucinatorias altamente persecutorias, tal como aparecen en brotes esquizofrénicos, o en comportamientos demenciales desinhibidos, liberados del control cortical cerebral, o bien bajo la influencia de productos tóxicos, o noxas de diversa etiología médica. Asimismo en las patologías deficitarias por retrasos mentales, tomando como ejemplo las oligofrenias más severas, u otras patologías que produzcan una detención del desarrollo psícofísico, que comprometan tanto la dirección de las conductas emanadas, como frente a situaciones donde al individuo se le torna imposible la comprensión de la conducta antijurídica, ya que por su evidente trastorno no puede asimilar las normas, ni motivarse en ellas.

c. En delitos cometidos bajo efecto directo de sustancias psicoactivas (drogas, alcohol) donde puede haber trastorno mental transitorio completo acompañado de amnesia, u otras situaciones que cursen con estados de inconsciencia, por ej la borrachera del sueño, la responsabilidad de dichos actos queda fuera de toda discusión.

Pero deberá tenerse en cuenta si la intoxicación fue provocada adrede para delinquir, o de manera casual o accidental sin intención delictual previa.

d. Existen otras situaciones límites donde la respuesta del victimario responde a una turbulencia emocional derivada de la conducta provocadora de la víctima, más una psicosensibilización –o estado psicoanafiláctico de Bonnet-, que prepara el terreno comportamental para que dadas ciertas y determinadas situaciones desencadenanates, se produzca el estallido conductual violento. Este último implica un trastorno transitorio de conciencia incompleto que cursa con dismnesia y que para los españoles serían los estados equivalentes de arrebato –estado de emoción turbulenta- u obcecación –estado pasional-

Dichos comportamientos emocionales o pasionales, pueden tener tal grado de enturbamiento de conciencia que entrarían en un grado menor de imputabilidad, o sea como atenuantes de la responsabilidad penal.

e. Las personalidades psicopáticas, los psicópatas, o “trastorno antisocial” o disocial de la personalidad, o llamadas también sociopatías, personalidades agresivas, impulsivas o en cortocircuito, son las más proclives a cometer conductas delictivas.

La noción de conflicto intrapsíquico, tal como lo encontramos en la personalidad neurótica, no lo encontramos en estos cuadros, no hay conciencia moral, ni auto-observación, ni internalización de normas éticas, no puede tolerar la angustia ni la frustración, frente a una situación de conflicto, reacciona por medio del acto, pasa al acto directamente descargando toda la tensión interna en el mundo exterior, por eso el dicho que el psicópata tiene conflicto entre su “ello y la realidad” (el “Ello” es la instancia intrapsíquica que pertenece al mundo pulsional e inconsciente, o sea a la parte más primitiva de las pulsiones agresivas y sexuales). El psicópata, desde esta perspectiva, no tiene moral, no tiene culpa, acciona y reacciona según sus propias apetencias.

Es considerado generalmente responsable, por lo tanto imputable (¿?). Consideración en eterno debate, ya que una personalidad como tal, presenta evidentes trastornos, alteraciones o déficit, por lo que se torna riguroso en extremo hacer un estudio cabal y profundo caso por caso.

f. Hay otra psicopatología de difícil encuadre, los estados o personalidades límites –l’état limite- o fronterizos, borderline o “Trastorno border”, que tienen como característica estar en el límite entre la neurosis y la psicosis. El síndrome central que presentan, denominado “difusión de la personalidad” es tal, que requieren de un diagnóstico diferencial estricto para no disfrazarlo de algo que no es. No presentan la misma ruptura con la realidad como en la psicosis, pero sí hacen descompensaciones psicóticas episódicas, también presentan una disociación denominada “clivaje intrapsíquico” que altera en gran medida la adecuación de esta personalidad con el entorno social, provocando conductas disfuncionales variadas. Se necesita de un buen estudio de la personalidad para distinguir en caso de conducta delictiva, si podrían haber atenuantes de la responsabilidad, o sea de la imputabilidad.

g. Llegando a otros trastornos, que en el ámbito penal siempre son materia de conflicto en cuanto a su evaluación psico-psiquiátrica forense frente a la pregunta del juzgador en torno al art. 34.1, donde la cuestión se debate respecto a si comprendió y dirigió sus actos, nos encontramos la siguiente nosografía que da el DSM IV, dentro de la categoría “Trastornos de la personalidad (F60)”, y explicita cuáles son los criterios diagnósticos generales:

A. Un patrón permanente de experiencia interna y de comportamiento que se aparta acusadamente de las expectativas de la cultura del sujeto. Este patrón se manifiesta en dos (o más) de las áreas siguientes:

1. cognición (p. ej., formas de percibir e interpretarse a uno mismo, a los demás y a los acontecimientos)
2. afectividad (p. ej., la gama, intensidad, labilidad y adecuación de la respuesta emocional)
3. actividad interpersonal
4. control de los impulsos

B. Este patrón persistente es inflexible y se extiende a una amplia gama de situaciones personales y sociales.

C. Este patrón persistente provoca malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.

D. El patrón es estable y de larga duración, y su inicio se remonta al menos a la adolescencia o al principio de la edad adulta.

E. El patrón persistente no es atribuible a una manifestación o a una consecuencia de otro trastorno mental.

F. El patrón persistente no es debido a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. ej., una droga, un medicamento) ni a una enfermedad médica (p. ej., traumatismo craneal).

Los trastornos que enumera son:

Paranoide – Esquizoide – Esquizotípico – Antisocial – Border – Histriónico – Narcisista – Por evitación – Por dependencia – Obsesivo Compulsivo –

Respecto al trastorno Border y al Antisocial, ya se ha hecho referencia supra, quedando como trastornos de la personalidad que casi siempre son materia de discusión entre peritos, el Paranoide, Esquizoide, Esquizotípico y Narcisista.

Éstos se caracterizan por presentar rasgos patológicos a nivel de carácter, de ahí que se los denomine “carateropatías” que conlleva una idea de rigidez tal que constituyen una “coraza caracterial” de muy difícil acceso a tratamientos psicoterapéuticos, ya que sus rasgos presentan tal fijeza y rigidización anclada en la personalidad de base, que los torna inmodificables. La concepción que tienen de la realidad está orientada desde esta especial manera de ser, por lo que la internalización de las normas y su consecuente motivación se hará desde esta cosmovisión inamovible.

Estas personalidades patológicas no presentan síntomas de angustia ni de egodistonía, es decir, no tienen conflicto entre la conducta desplegada y el Yo, porque simplemente no tienen registro de conflicto a ese nivel.

Desde el psicoanálisis se las describe como verdaderas “neurosis de carácter”, portadores de un SuperYo sádico y primitivo que está más próximo al Yo Ideal, de ahí que falten los componentes psicodinámicos de la conciencia moral y la auto-observación del SuperYo normal o post-edípico, siendo esta ausencia la responsable de estos rasgos sádicos y rígidos del carácter.

Acá también se hace prudente un análisis de caso por caso para evaluar en profundidad si la conducta enrostrada pudo haber sido de otro modo, si tuvo el margen de libertad personal para elegir una forma diferente de reacción.

h. Otra consideración aparte ameritan los “trastornos del control de los impulsos”, de los que puedan tener implicancias jurídico-penales, el “juego patológico o ludopatía”, el “trastorno explosivo intermitente”, la “piromanía” y la “cleptomanía”.

Aquí encontramos una irresistible compulsión a la descarga de pulsiones tanáticas que también ameritan ser estudiados seriamente para determinar si dicho aspecto compulsivo pudo ser modulado o no por su autor, es decir si pudo ser refrenable o no, de ahí el grado de libertad para elegir hacer o no hacer la conducta que se le reprocha penalmente.

A propósito del “trastorno explosivo intermitente” (F63.8) (312.34), el DSM IV lo clasifica según estos criterios:

  1. Varios episodios aislados de dificultad para controlar los impulsos agresivos, que dan lugar a violencia o a destrucción de la propiedad.
  2. El grado de agresividad durante los episodios es desproporcionado con respecto a la intensidad de cualquier estresante psicosocial precipitante.

Los episodios agresivos no se explican mejor por la presencia de otro trastorno mental (p. ej., trastorno antisocial de la personalidad, trastorno límite de la personalidad, trastorno psicótico, episodio maníaco, trastorno disocial o trastorno por déficit de atención con hiperactividad) y no son debidos a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p.ej., drogas, medicamentos) o a una enfermedad médica (p. ej., traumatismo craneal, enfermedad de Alzheimer)

A lo que se agrega la siguiente cita:

“Ya hace más de cincuenta años, cuando Kurt Schneider (1974) hablaba de los psicópatas explosivos, dudaba que se tratara de un tipo específico o, más bien, siguiendo a Kretschmer, de una "reacción primitiva". Los relacionaba con los epileptoides, con los ataques convulsivos psicógenos y, también, destacaba que las excitaciones explosivas podían convertirse ocasionalmente en estados crepusculares psicógenos. Fuera de esos estados, estos sujetos, comenta, se presentan habitualmente tranquilos y dóciles. Respecto a los epileptoides, propiamente, recupera de Kretschmer la valoración del temperamento viscoso (adhesivo, reiterativo), la labilidad de ánimo; dice que son ceremoniosos, pesados y perseverantes. Y añade: La importancia social de este grupo es grande. Los lábiles irritados llegan, a veces, a delitos afectivos; los inestables, a toda clase de delitos ocasionales. Soportan muy mal la disciplina militar. No es raro que, a consecuencia de crisis de labilidad de ánimo, se marchen sin permiso y deserten, aunque la mayoría de estos delitos tengan que interpretarse de otra manera. (p. 163)

Este tipo de carácter ha recibido el nombre, en la psicopatología escandinava (Strömgren), de ixotímico o ixoide, emparentado con la epilepsía y con el biotipo atlético de Kretschmer (Cf. Bohm, 1973, pp. 218 y ss.)”. [1]

Vemos cómo los viejos profesores de psiquiatría ya planteaban dudas respecto al grado de libertad intrínseca de estos pacientes en el despliegue de ciertas conductas, que veían como equivalentes a reacciones primitivas-epilépticas de difícil gobierno por la voluntad y/o la comprensión.

Sintetizando la idea de este artículo, en la concepción de esta autora en lo atinente al estudio de casos de controvertida implicancia jurídico-penal, se vuelve imprescindible el estudio a profundidad caso por caso, sin rotular ni generalizar a priori como tan frecuentemente se hace una vez constatado la ausencia de trastornos psicóticos –alucinaciones y/o delirios- que todo sujeto portador de un trastorno de personalidad será responsable de sus actos, tanto en su dirección como en su comprensión.



[1] “PSICOPATOLOGÍA Y RESPONSABILIDAD PENAL. ALGUNAS CUESTIONES SOBRE LA IMPUTABILIDAD” Fuente: Alejandro Ávila Espada. Universidad de Salamanca. Conferencia Inaugural. I Congreso de Psicología Jurídica en Red (2004)

jueves, 31 de mayo de 2007

USO, ABUSO Y DEPENDENCIA DE SUSTANCIAS PSICOACTIVAS







*Lic. Patricia Martínez Llenas

Los diferentes comportamientos

Existen 3 tipos de comportamientos ligados al consumo de sustancias psicoactivas:

Uso

Uso nocivo o abuso

Dependencia

Uso:
Es el consumo de sustancias psicoactivas que no acarrea ni complicaciones somáticas, ni daño (complicación nociva para los otros).

No está considerado como una problemática patológica, si bien ello pueda acarrear riesgos (en la atención…)




Uso nocivo o abuso:

El uso nocivo o abuso es caracterizado por un consumo repetido que induce a daños en las esferas somáticas, afectivas, psicológicas o sociales, sea para el sujeto mismo, sea para su entorno próximo o distante, los otros o la sociedad.

Se habla de uso nocivo cuando el producto es consumido en situaciones tales que pueden devenir peligrosas (ej: conducción automovilística).

La violencia podrá ser cometida bajo el efecto de sustancias (infracción repetida…)

Impacta sobre las relaciones sociales, familiares, dificultad a nivel de la vida socio-profesional.

Pone en peligro la salud y el equilibrio de otro (ej: mujer embarazada).

Incapacidad para no sobrepasarse en el uso del producto durante varios días.

El “abuso de sustancias” figura en el DSM IV en los “Trastornos relacionados con sustancias”, lo que implica un patrón desadaptativo de consumo que tiene efectos adversos y repetitivos. Se valoran los efectos nocivos y perjudiciales, pero se descartan la tolerancia, la abstinencia y el patrón de uso compulsivo – esta categoría excluye a las consecuencias del tabaco y la cafeína-

Dependencia:

La dependencia puede definirse como la incapacidad de abstenerse a consumir bajo pena de sufrimiento físico y/o psíquico.

Definición de la OMS (1981): “Es el síndrome por el cual el consumo de un producto deviene como una exigencia superior a aquéllas de otros comportamientos que previamente tuvieron una importancia mayor”. La persona oculta todas las circunstancias vitales que giran alrededor del producto adictivo.

Manifestación de dependencia
Existencia de una tolerancia:

La tolerancia consiste en la necesidad de aumentar las dosis de una sustancia para obtener el efecto deseado.
Ésta designa también una disminución de los efectos en caso de utilización continua de la misma cantidad de producto: no hay más placer, pero la persona continúa con el consumo.


Existencia de abstinencia:
Se produce cuando las concentraciones séricas o tisulares de una sustancia disminuyen luego de un consumo prolongado importante, en consecuencia, se da una vuelta al consumo para aliviar y evitar los síntomas de la abstinencia (calambre de estómago, angustia)


Utilización compulsiva de un producto:

Se traduce por un aumento de la cantidad de sustancia consumida, las dificultades de controlar el uso de la sustancia (tentativas de interrupción), el tiempo pasado alrededor de la recuperación de sus efectos, del abandono o la disminución de las actividades socio-profesionales (la vida cotidiana gira alrededor del consumo del producto, no hay mas vida familiar), la imposibilidad de detener el consumo del producto a pesar del conocimiento de problemas somáticos o psicológicos que causa.

La dependencia física o síndrome de abstinencia:
Traduce un estado de adaptación biológica a los tóxicos que se manifiesta por la aparición de trastornos somáticos intensos, dolorosos, cuando el consumidor se encuentra en estado de carencia o falta: temblores, taquicardia, hipertensión, insomnio, sudores, crisis convulsivas, calambres.

Está presente en la toxicomanía a los opiáceos, el tabaco, el alcohol, los medicamentos psicoactivos.

Esos síntomas pueden acompañarse de trastornos del comportamiento (agitación, irascibilidad, ansiedad…)

La dependencia psíquica:

Se manifiesta a través del placer que ha procurado la droga y provoca un estado de malestar psíquico y una necesidad irreprimible de reproducir ese placer.

La dependencia psíquica está ligada al recuerdo del placer: según la OMS (1964): “Estado en el cual una droga produce un sentimiento de satisfacción y una pulsión psíquica que exige la administración periódica o continua de droga para provocar el placer o evitar el malestar”.

Desde la concepción psicoanalítica:

Vemos pues cómo en la dependencia psíquica el carácter repetitivo y adverso del consumo es necesario vincularlo con la compulsión a la repetición, es decir, con la insistencia de la pulsión de muerte.

Compulsión de repetición de la pulsión mortífera, lo cual implica toda una distorsión en la experiencia de satisfacción, que no llega jamás a serlo, ya que se reitera de manera circular, provocando en cada reiteración una ilusoria sensación de bienestar.

Desde la teoría psicoanalítica, el origen o fuente de toda pulsión está en relación con la zona erógena de la que parte; el destino de toda pulsión es la descarga, la finalidad de la pulsión es la satisfacción que produce dicha descarga, y el objeto hacia el cual se dirige la pulsión para lograr su satisfacción, se denomina “investimiento o investidura objetal”. Freud ha descrito la presencia de dos pulsiones básicas: pulsión de vida o Eros, que tiende a la unión, a la vida, en definitiva a un saludable placer; y otra pulsión que es contraria a la vida y que está ligada a la destrucción, a la muerte, al daño, que denominó como Tánatos o pulsión de muerte, y que se rige no por el principio de placer, sino por el mecanismo de compulsión de repetición.

El “objeto de satisfacción”, “el objeto investido” ya no es un “otro significativo”, sino que ha sido reemplazado por la sustancia adictiva, así la relación objetal por medio de la investidura del objeto que implicaba originalmente el vínculo afectivo con un otro, queda reemplazado por la droga a través de un comportamiento compulsivo – adictivo – de la pulsión de muerte.

Pulsión de muerte o Tánatos que se dirige tanto hacia dentro del sujeto con el consiguiente componente suicida, o bien, hacia fuera del sujeto con el consiguiente aspecto agresivo/destructivo pudiendo llegar a verdaderas conductas criminales.

De esta manera, en los estados de carencia de sustancia adictiva, se producirá el estallido comportamental, tanto auto como hetero-agresivo/destructivo de implicancias médico-legales típicas de los síndromes de abstinencia, como también podrán producirse en estados de impregnación cerebral.

El comportamiento adictivo, es secundario y co-mórbido a una personalidad de base que presenta un “estado de desvalimiento anímico o de necesidad” que es previo a la ingesta de sustancia, dicha vulnerabilidad asienta en los cimientos narcisísticos, por lo que ingesta viene a compensar dicha carencia ilusoriamente.

Las verdaderas relaciones vinculares que el adicto ha ido dejando en el camino, fueron sustituídas por la investidura del objeto adictivo –sustancia psicoactiva-, creando unas relaciones objetales del tipo “como sí”, lo que le otorga características de “falseamiento vincular”, ya que las investiduras objetales de “otros significativos” carecen de interés en la vida del adicto. Las correspondencias que se establecen entre el Yo y los “vínculos como sí”, promueven la entrada en un mundo afectivo de soledad objetal, que retorna a una organización narcisista y autoerótica, haciendo un recorrido inverso de desinvestidura objetal de tipo regrediente, así, la libido regresiona en sus dos tópicas:

1. Sistema Ics, Pcs-Cs
2. Ello-Yo-Superyo

El sentido contraevolutivo de la regresión seguirá la orientación hacia puntos de fijación previos, más arcaicos, como también se encontrará la regresión a nivel del funcionamiento psíquico, que irá del proceso secundario hacia el proceso primario.

La conducta adictiva, como pasaje al acto impulsivo-compulsivo:

La gestión psicodinámica de lo pulsional, de acuerdo a las consideraciones previas, no tienen la amortiguación de la secundarización –proceso secundario del pensamiento-, por lo tanto la pulsión no puede ligarse satisfactoriamente a otras representaciones psíquicas –ideas-, ni tampoco a afectos modulados, el funcionamiento en proceso primario dará origen a fallas en el campo perceptual –ilusiones, alucinaciones- como también en los procesos intelectuales debido a:

1. La necesidad de descarga y de satisfacción pulsional es inmediata

2. El pasaje de una representación a otra se llevan a cabo según los mecanismos de 3. desplazamiento y/o condensación

4. La alucinación del objeto-fuente de satisfacción primitiva

5. La ausencia de coherencia, de relaciones lógicas

6. El desconocimiento de las relaciones temporales

7. El desconocimiento del principio de realidad

8. La compulsión de repetición que obedece al principio de identidad de percepción

Consideraciones finales:

Esta última consideración respecto a la compulsión de repetición –aspecto compulsivo-, unida a la urgencia de descarga y satisfacción la pulsión –aspecto impulsivo-, serán las características centrales de los comportamientos adictivos.

De esta manera quedan explicados los aspectos compulsivo-impulsivo que son propios a los comportamientos adictivos tal como se observan en graves dependencias psíquicas a drogas y/o sustancias psicoactivas.

sábado, 26 de mayo de 2007

El T.A.T.- Test de Apercepción Temática y sus láminas


*Por Patricia Martínez Llenas


El T.A.T- o Thematic Apperception Test (test de apercepción de temas, según la fórmula de Didier Anzieu), es una prueba proyectiva como el test de manchas de tinta de Rorschach (test estrucutural), y que “demanda al sujeto la invención de relatos a partir de fotografías que se le muestran” (D. Anzieu).

El T.A.T. fue creado por Henry A. Murray, médico y bioquímico de formación, director de la “Harvard Psychological Clinic” (quién se analizara con Jung, luego por Alexander).

La técnica del T.A.T. reposa sobre una teoría de la personalidad, que a partir de 1938 Murray publica en su libro “Exploraciones de la personalidad”, donde expone su sistema teórica centrado sobre la dualidad “necesidad-presión” (“needs-press”), poniendo como hipótesis principal la identificación del narrador al personaje central por medio del sesgo desde donde expresa sus propias “necesidades”, siendo los demás personajes y/o el medio los encargados de representar las presiones que resiente el narrador. Ya en 1943 Murray presenta el Manual del T.A.T. en su forma definitiva, constituido por un juego de 31 láminas y un manual de aplicación.

Vica Shentoub desde 1953 se situó frente al TAT (a diferencia de Murray) poniendo especial interés sobre la forma de los relatos más que sobre los contenidos.

De las 31 láminas originales, quedaron seleccionadas aquéllas consideradas como las más pertinentes y más significativas, siendo 18 las láminas seleccionadas, que serán presentadas dentro de un orden que implica ir desde las láminas que muestran situaciones mejor estructuradas a las de menor estructuración; las diez primeras láminas, más figurativas, representan a personajes sexuados, mientras que las láminas 11, 19 y 16 no reenvían a objetos concretos bien definidos. Las láminas 1, 2, 3BM, 4, 5, 8BM son propuestas a los niños y niñas, y a los hombres y mujeres; 6BM/7BM son propuestas a los niños y hombres; 6GF/7GF y 9GF, son propuestas a niñas y mujeres; 10, 11, 12BG, 13B, 19 y 16 son propuestas a niños, niñas, hombres y mujeres, y la 13MF propuesta únicamente a sujetos adultos hombres y mujeres. El orden es el siguiente: 1, 2, 3BM, 4, 5, 6BM/7BM, 6GF/7GF, 8BM, 9GF, 10, 11, 12BG, 13B, 13MF, 19 y 16. Se administran de una sola vez.

La hipótesis esencial de V. Shentoub, considera que las modalidades de construcción y de elaboración de los relatos dados por los sujetos reenvían a los mecanismos de defensa característicos de sus organizaciones psicopatológicas. Parte de la teoría psicoanalítica como teoría de la personalidad. El T.A.T. es pues considerado como un producto psíquico.

La fantasía inducida y consciente de los relatos dados por los sujetos a partir de la consigna: “Imagine una historia a partir de esta lámina”, está reconocida como diferente de la fantasía inconsciente espontánea –los fantasmas fundamentales del sujeto que atraviesan y se expresan en sus síntomas y sus sueños-.

La irrupción del fantasma inconsciente en la fantasía consciente inducida se ubica gracias a la distancia entre el relato del sujeto, y el tema banal (popular) a esa lámina, y desde las perturbaciones en la estructuración del relato.

Dice Vica Shentoub “Construir una historia TAT es un acto de organización más que un acto de imaginación. Analizar esta organización es volver a testear la autonomía relativa del Yo, su función de síntesis y de integración”. Sólo luego el contenido de las historias puede ser interpretado según los conflictos defensivos del sujeto, sus identificaciones y sus relaciones de objeto.

La hipótesis fundamental es que las láminas del TAT representan situaciones relacionadas a conflictos universales y especialmente a conflictos edipianos, ya que casi todas las láminas se refieren a la diferencia de generaciones, y/o a la diferencia de sexos.

Desde 1970 Shentoub y Rosine Debray completaron la teoría del proceso TAT proponiendo un análisis del material en términos de contenido latente y de contenido manifiesto.

Es una teoría del TAT que nos propone a partir de la definición del proceso TAT comprendido como “El conjunto de mecanismos mentales comprometidos en esta situación singular donde se le demanda al sujeto de imaginar una historia a partir de la lámina”

La situación de conflicto en el TAT se origina entre:

- La consigna, que es inductora de la producción de una fantasía consciente

- El examinador, vivido en el aquí y ahora a través de movilizaciones transferenciales

- El material, con la carga que conlleva desde sus solicitaciones latentes, y la reorganización (secundarización) que el sujeto pueda hacer de éstas

Asimismo, conflicto entre dos movimientos, la presión pulsional cuya expresión fantasmática es reavivada por la presentación de la lámina, y la solicitación de la representación-meta evocada por la consigna. Dicha consigna es la de organizar un relato que entre en resonancia con los afectos y las representaciones nuevamente puestos en movimiento, pero que respete las necesidades de la comunicación y las leyes del lenguaje.

Aquí se jugará nada menos que la expresión de los dos modos antagonistas y complementarios del funcionamiento psíquico:

- El proceso primario

- El proceso secundario

Evaluación del TAT

Consta de una grilla de evaluación donde figuran las listas que contienen los procedimientos de construcción de los relatos.

Estos procedimientos de construcción están sustentados por los mecanismos de defensa que tienden a la regulación del conflicto pulsional.

En la grilla se hace el repertorio de los distintos modos de construcción de los relatos obtenidos del sujeto a quién se le administran las láminas; dichos modos o procedimientos de tratamiento del discurso, se irán ubicando en las diferentes listas a saber, configurando así un entramado que se irá aclarando poco a poco a medida que confluyan o no en una lista o en varias listas, y predominen unas sobre otras, dando así orientación del estilo psicopatológico predominante encontrado, y de la presencia, variada o no, de otros modos de construcción, que al ser tenidos en cuenta, darán cuenta de una amplia visión de todos los recursos defensivos, sean éstos de una calidad y cantidad que sirvan para armonizar y hacer más legible el protocolo, dando lecturas donde las pulsiones y las defensas se encuentren en un fluir que tienda a enriquecer las posibilidades de intercambios entre las instancias psíquicas, o al contrario, donde las pulsiones sean masivas, y las defensas a ultranza, dando como resultado un impedimento mayor al funcionamiento psíquico, cercenando su creatividad, y empobreciendo al Yo.

Explicación Teórica:

El descriptaje de los procedimientos de elaboración del discurso es facilitado por la utilización de la grilla de evaluación que permite el señalamiento y el agrupamiento de los factores que más adelante se detallan. Dichos procedimientos pueden ser formales –señalando, marcando el nivel sintáctico del relato-, y/o narrativos –organizando la historia según tal o cual estilo defensivo-.

Hipótesis: Los procedimientos de elaboración del discurso localizables en los protocolos del T.A.T. son sostenidos por operaciones inconscientes (mecanismos de defensa y otras modalidades de conductas psíquicas) donde aquéllas son la traducción manifiesta.

Los mecanismos de defensa o la defensa, es un conjunto de operaciones cuya finalidad es la de reducir un conflicto intrapsíquico, volviendo inaccesible a la experiencia consciente uno de los elementos del conflicto. Los mecanismos de defensa serán los diferentes tipos de operación dentro de los cuales puede especificarse la defensa, es decir, las formas clínicas de esas operaciones defensivas.

La actividad defensiva existe en toda organización psíquica, sea ésta normal o patológica.

Grilla de evaluación del T.A.T.

Serie “A” y “B”

Las dos primeras categorías que agrupan los procedimientos de las series “A” y “B”, reenvían a procedimientos de elaboración del discurso que están en correspondencia con los mecanismos de defensa neuróticos –en particular la REPRESION- que son testigos de una conflictualización intrapsíquica, es decir, de una lucha entre los sistemas del aparato psíquico en términos de la 1º Tópica freudiana: Preconsciente-consciente/inconsciente; o en términos de la 2º Tópica, como una lucha entre el Ello y el Superyó a través del Yo, lo que supone la existencia de un espacio interno constituido, bien diferenciado respecto del mundo exterior, espacio interno que servirá de escena al despliege y a la dramatización de los conflictos.

Estos procedimientos están representados, en los dos casos, por organizaciones psíquicas elaboradas, dominadas por el conflicto que:

· En la Serie “A” es tomado a cargo por el pensamiento que es portador de la expresión del deseo y la defensa

· En la Serie “B” por la puesta en escena de relaciones interpersonales que evidencian el afrontamiento entre las instancias.

Serie “C”:

La tercer categoría “Procedimientos de la Serie “C”, trata de los mecanismos de EVITAMIENTO del conflicto, por lo que se denomina aconflictual. Se distinguen cinco categorías de procedimientos:

Serie “C/P”* “FOBIA” *P=Phobie

Releva los ordenamientos fóbicos, en los cuales dominan el evitamiento y la huida. Su asociación con los procedimientos de la Serie “A” y/o “B” sigue la naturaleza neurótica del conflicto. Así y utilizados en pequeña cantidad estos procedimientos “P” van a permitir que las representaciones y afectos reaparezcan bajo la forma del retorno de lo reprimido; estos relatos elaborados desde esta modalidad guardan un cierto espesor simbólico, una cierta resonancia fantasmática en relación con las solicitaciones latentes de la lámina.

No obstante, no hay que olvidar que estos procedimientos no tienen una significación diagnóstica unívoca, pudiendo dar cuenta de modalidades de funcionamiento distinto al neurótico.

Serie “C/N” “NARCISISMO”

Reenvían a modalidades narcisísticas de funcionamiento psíquico, sobre todo al sobreinvestimiento de la polaridad narcisística del fantasma.

Aquí el cuerpo ya no es investido para seducir como lo es en el registro histérico, sino que es utilizado para comunicar y producir sentido.

Utilizados de forma masiva, pueden ser la traducción de un retraimiento libidinal arcisito que toma el lugar del conflicto libidinal

Serie “C/M” “MANÍA”

Reenvían a mecanismos de tipo maníaco tomado en el sentido kleiniano de lucha antidepresiva, buscando evacuar las representaciones y afectos depresivos, también pueden estar sobreinvestidos como un llamado al otro.

Serie “C/C” “COMPORTAMENTAL”

Hace el repertorio de conductas actuadas que constituyen un recurso al comportamiento durante la administración del test. Estas conductas están ligadas a una dificultad momentánea o durable en el trabajo de elaboración psíquica y/o inscribirse en una regulación o en un relanzamiento del proceso asociativo.

Hay que distinguir dos modos particulares en las conductas actuadas:

- Aquéllas, que en la relación con el clínico (transferencia), son la expresión de un fantasma subyacente, pues los procesos de pensamiento necesarios para la elaboración de los relatos no pueden tomar a su cargo

- Otros que tienen como función la de tender hacia la descarga y la disminución de la excitación y la tensión

Serie “C/F” “FÁCTICO”

Se distinguen de los precedentes en la medida en que la inhibición no está asociada a los mecanismos de represión que son reconocibles a través del retorno de lo reprimido. La angustia está aparentemente ausente, y el estímulo es investido como objeto real y no más como fuente de reactivación fantasmática.

El acento está puesto aquí, de forma específica, sobre los elementos de la realidad exterior, lo fáctico, lo cotidiano, lo concreto, las ideas recibidas que vienen a sustituir a un mundo interno desfalleciente.

Utilizados de manera masiva, se corresponde a modalidades de funcionamiento que se caracteriza por la ausencia de conflicto intrapsíquico (personalidades “como sí”) y también aquéllas definidas por Pierre Marty con la noción de “pensamiento operatorio”, que son propias de la alexitimia o personalidades psicosomáticas.

Todos los procedimientos de la serie “C”, sea “C/P”, “C/N”, “C/M”, “C/C” o “C/F” pueden aparecer en modalidades de funcionamiento psíquico variado. A evaluar, entonces, si su utilización es transitoria, o bien, dominante.

SERIE “E” Emergentes en proceso primario”

Reagrupa las modalidades de pensamiento saturado en proceso primario.

La presencia de mecanismos de la serie “E” en pequeñas cantidades es esperable en el T.A.T., su aparición pone el acento sobre una cierta permeablilidad de las instancias y una flexibilidad que autoriza la irrupción y la circulación de fantasmas y/o de afectos más masivos, sin que el sujeto esté completamente desorganizado.

Los procedimientos de la serie “E” no tienen tampoco una significación diagnóstica unívoca; todo dependerá de su aparición, su repartición y su asociación con procedimientos de otras series.

Se distinguen en esta serie, procedimientos que traducen:

- De fallos mayores en las conductas perceptivas y en el anclaje en la realidad externa (ítems E1 a E6)

- De perturbaciones profundas ligadas a la invasión fantasmática (ítems E7 a E10)

- De trastornos mayores ligados a la relación de objeto, llegando incluso a trastornos de la identidad (E11 a E16)

- De trastornos ligados a la desorganización del pensamiento y del discurso, que a partir de éstos, no se inscriben más dentro de una lógica de comunicación.

CONTENIDOS MANIFIESTOS Y CONTENIDOS LATENTES EN LAS LAMINAS T.A.T.

Lámina 1:

Manifiesto: Un niño, la cabeza entre las manos, mira un violín puesto delante de él.

Latente: Reenvía a la imagen de un niño, pone el acento sobre la inmadurez funcional frente a un objeto de adulto (no es un juguete), objeto fálico. El conflicto será la dificultad, hasta la imposibilidad de utilizar este objeto en lo inmediato, encontrando los dos extremos, desde la posición depresiva (incapacidad, impotencia), hasta la posición megalomaníaca (omnipotencia)



Lámina 2:

Manifiesto: “Escena campestre”. Un hombre con un caballo, una mujer apoyada sobre un árbol, una joven en primer plano que tiene libros.

Latente: Reenvía al triángulo edípico padre-madre-hijo, pero sin noción de inmadurez funcional. El conflicto será sobre la posición de la joven frente a la pareja, que está objetivizada a nivel del contenido manifiesto por la diferencia entre los dos planos. Cada personaje puede ser percibido como provisto a su manera.





Lámina 3BM:

Manifiesto: Un individuo tirado al pie de una banqueta (sexo y edad indeterminados, objeto igualmente confuso, poco claro)

Latente: Reenvía a la posición depresiva esencial presentando traducción corporal (no de conflicto, sino desde la pérdida del objeto)



Lámina 4:

Manifiesto: Una mujer cerca de un hombre que se aparta (diferencia de sexo, no de generación)

Latente: Reenvía a una relación de pareja manifiestamente conflictual entre dos polos: agresividad-ternura.





Lámina 5:

Manifiesto: Una mujer de mediana edad, la mano sobre el picaporte de una puerta, mira al interior de una pieza.

Latente: Reenvía a una imagen femenina (maternal) que penetra y mira. El conflicto enviará, frente a este tipo de imagen femenina, a la posibilidad o no de situarse frente a una instancia superyoica.




Lámina 6BM:

Manifiesto: Un hombre, de frente, con aire de preocupado, y una mujer anciana que mira hacia fuera (diferencia de sexos, diferencia de generación).

Latente: Reenvía a una relación madre-hijo en un contexto de malestar. El conflicto debe anudarse alrededor de la interdicción del acercamiento edípico objetivado a nivel de la imagen, por el espacio que separa a los protagonistas, como así también por su posición respectiva (no acercamiento).



Lámina 6GF:

Manifiesto: Una joven mujer sentada en primer plano volviéndose hacia un hombre que se aproxima hacia ella (no diferencia de generación marcada, sí diferencia de sexo)

Latente: Reenvía a una relación heterosexual en un contexto de deseo libidinal y de defensa contra el deseo (comprendida la culpabilidad). El deseo es objetivado por el movimiento del uno sobre el otro, y la defensa por la separación de los planos. El acercamiento edípico está ofrecido e interdicto a la vez.



Lámina 7BM:

Manifiesto: Dos cabezas de hombre, cabeza con cabeza; uno, “el viejo”, vuelto hacia el otro “joven” que hace una mueca de disgusto (diferencia de generación, no se sexo, no hay inmadurez funcional)

Latente: Acercamiento de tipo padre-hijo, en un contexto de reticencia desde el hijo a nivel de las ideas (cuerpo excluido). El conflicto debe anudarse alrededor del acercamiento entre esos dos personajes, entre dos polos: ternura-oposición.


Lámina 7GF:

Manifiesto: Una mujer, libro en la mano, inclinada hacia una niña de aspecto soñadora que tiene un muñeco entre sus brazos (diferencia de generación, inmadurez funcional para la niña)

Latente: Reenvía a una relación tipo madre-hija en un contexto de reticencia por parte de la niña (rivalidad, identificación). El conflicto debe anudarse alrededor de la identificación con la madre, favorizada por ésta.




Lámina 8BM:

Manifiesto: Un hombre acostado, dos hombres inclinados sobre él con un instrumento. En primer plano un joven solo que da la espalda a la escena, y un fusil (no hay diferencia de sexo, sí diferencia de generación, no hay inmadurez funcional)

Latente: Reenvía a una escena de agresividad abierta a través de la presencia de hombres adultos y un adolescente en un contexto de posiciones contrastantes activo/pasivo. El conflicto debe anudarse alrededor de la escena de agresividad abierta del 2º plano, ligándola al joven y al fusil del 1º plano. Reenvía al problema de la agresión corporal que puede ser vivida a nivel de la castración, o a nivel de la destrucción.



Lámina 9GF:

Manifiesto: Una joven mujer detrás de un árbol, portando unos objetos, mirando a una segunda joven mujer que corre debajo (no hay diferencia de generación, ni de sexo, no inmadurez funcional)

Latente: Reenvía a una situación de rivalidad femenina, a un contexto dramatizado. El conflicto debe anudarse alrededor de la rivalidad femenina acentuada a nivel del material por la semejanza entre ambas mujeres, y por el hecho que una pareciera vigilar a la otra.




Lámina 10:

Manifiesto: Una pareja que se abraza (sólo las caras están representadas, el contraste blanco y negro está acentuado)

Latente: Reenvía a la expresión libidinal a nivel de la pareja. La imagen está lo bastante poco clara para que puedan haber diversas interpretaciones en cuanto al sexo y a la edad de los dos personajes. La fantasía debe igualmente dar cuenta del halo dramático objetivado por el contraste blanco-negro.



Lámina 11:

Manifiesto: Paisaje caótico de vivos contrastes de sombras y de claridades, se ve una especie de pico (detalle a la izquierda estilo dragón o serpiente)

Latente: Reactivación de una problemática pregenital. Algunos elementos más estructurados (puente, ruta…) pueden permitir una remontada hacia un nivel menos arcaico (regresión posible o no)



Lámina 12 BG:

Esta lámina originalmente propuesta a niños y niñas, se muestra también interesante para adultos de ambos sexos.

Manifiesto: Un paisaje tipo bosque al borde de un curso de agua, mostrando en primer plano un árbol y una barca; vegetación y el segundo plano está poco preciso; el gráfico está relativamente aireada con dominancia de claridad.

Latente: El aspecto figurativo y familiar del material pone en obra las capacidades elementales para diferenciar el mundo interno del mundo externo, y reenvía a una capacidad perceptiva conocida, en referencia a las buenas experiencias pregenitales. A evaluar si aún en ausencia del personaje sobre la imagen, el sujeto puede reconocer al objeto sin temer su pérdida, componiendo un espacio de representación que ocupe la escena mental. Esto se relaciona directamente a los modos de elaboración de la posición depresiva.



Lámina 13 MF:

Manifiesto: Una mujer acostada, el pecho desnudo, y un hombre en primer plano, el brazo delante de la cara

Latente: Reenvía a la expresión de la sexualidad y la agresividad en la pareja




Lámina 13 B:

Manifiesto: Un niño sentado en el umbral de una cabaña de planos disyuntos (contraste entre luz al exterior y muy negro al interior)

Latente: Reenvía a la capacidad de estar solo, el acento está puesto sobre la inmadurez funcional (imagen de un niño), y sobre la precariedad del refugio maternal simbolizado por la cabaña (capacidad de fantasear el objeto ausente)





Lámina 19:

Manifiesto: Imagen surrealista de casa bajo la nieve o de barco en la tempestad, con fantasmas, olas…

Latente: Reactivación de una problemática pregenital. El estímulo puede evocar un entorno que permita la proyección del bueno y malo objeto. La lámina empuja a la regresión y a la evocación de fantasmas fobígenos


Lámina 16:

Manifiesto: Lámina blanca para el sujeto.

Latente: Reenvía a la forma de cómo el sujeto estructura sus objetos privilegiados y a las relaciones que establece con ellos (nivel en el cual se ubica; peso e impacto de los procedimientos defensivos). En la ausencia de un soporte dado por la imagen, los elementos transferenciales pueden devenir pregnantes